Sobre cabinas y locutorios…

Hablar de las cabinas telefónicas, ahora que están en proceso de desmontaje y desaparición, está muy de moda en España. Reportajes y entrevistas sobre el tema se repiten periódicamente en estos últimos años, y es fácil encontrarnos con ellos, en los que se apuntan detalles históricos, no siempre correctos, y se especula sobre su destino final.

Es frecuente también que se deslicen incorrecciones en la denominación de los equipos y servicios asociados a dichos elementos.

Uniéndonos a esa corriente, queremos aportar algunos datos históricos más, intentando aclarar algunos de esos conceptos que en ocasiones se confunden. Nos referimos a “locutorio”, “cabina”, “teléfono de uso público”, “teléfono previo pago”, etc.

Cabinas telefónicas. NLC Photo (lavozpopular 2014)

Aclarando conceptos, hablemos primero de los “contenedores”:

Locutorio: En su segunda acepción en el diccionario de la Real Academia Española leemos, “En las estaciones telefónicas, oficinas y otros lugares, departamento aislado y de reducidas dimensiones que se destina al uso individual del teléfono”. Es importante destacar que la tercera acepción deja claro que además por locutorio se entiende “el conjunto de locutorios”. Así se comprende que realmente, como veremos a continuación, “una cabina es un locutorio” y también “un locutorio puede estar formado por un conjunto de cabinas”. Como curiosidad, la primera acepción, que dice “Habitación o departamento de los conventos de clausura y de las cárceles, por lo común dividido por una reja, en el que los visitantes pueden hablar con las monjas o los presos”, y la propia etimología de la palabra (del latín medieval locutorium), dejan claros matices interesantes.

Cabina: En este caso el diccionario nos informa del origen francés del término y su primera acepción dice “Recinto pequeño, generalmente aislado, adaptado a sus diversos usos. Cabina telefónica, electoral, de proyección.”

Al margen de las definiciones académicas, el uso popular del lenguaje ha consolidado con preferencia el empleo del término “locutorio” para referirse al local generalmente atendido en el que se concentran varios locutorios o cabinas equipadas con sus respectivos aparatos telefónicos para uso del público. Y por otra parte, por “cabina telefónica” entendemos un recinto de intemperie, suficientemente preparado para protegernos, al menos moderadamente, de las inclemencias del tiempo, situado de manera aislada para poder emplear con cierta intimidad un aparato telefónico autónomo.

Desde los primeros momentos del desarrollo de la telefonía se dispuso de locutorios públicos siempre atendidos por operadoras, con sus “cabinas (locutorios) telefónicas” para facilitar la intimidad de las comunicaciones, desde donde se podían establecer las conferencias urbanas o interurbanas. Uno de los primeros ejemplos de la CTNE en 1926 fueron los locutorios establecidos en las estaciones de ferrocarril, como el caso de las estaciones madrileñas de Norte y del Mediodía en 1926 que se anunciaba en la Revista Telefónica.

Ciertamente, andando el tiempo, y cuando la tecnología lo permitió con los aparatos de previo pago, se dispusieron cabinas (o locutorios) aisladas y desatendidas (sin encargado) que se dispersaron por el área urbana para facilitar su acceso a la población.

Las cabinas que se emplearon en España, desde la primera de ellas de 1963, ya siempre depediendo de centrales de conmutación automáticas, se construyeron en aluminio (*), lo que siempre les dió un carácter muy funcional que, al contrario que las de otros países como el más famoso caso britanico, construidas en hierro fundido y acabadas en “rojo inglés”, no han conseguido a pesar de los años, ganar aún ese estado de “antigüedad” que habría ayudado a su mejor preservación.

Y ahora, pasando al contenido, esto es a la estación telefónica, al aparato telefónico que nos podíamos encontrar en el locutorio o la cabina, distinguimos los siguientes conceptos:

Teléfono de uso público: Por contraposición a las líneas telefónicas de titularidad y uso privado, que los abonados al servicio telefónico tienen en sus domicilios para su particular uso, éstos, los de “uso público”, se instalaban en los locutorios de las compañías u otros lugares, donde el público en general pudiera acceder para realizar, o recibir, llamadas o conferencias. Proliferaron, como es lógico entender, en el largo periodo de expansión inicial de la telefonía, cuando ésta aún era un servicio minoritario. Con el afán de hacer llegar el teléfono, cuanto antes, a la mayor parte de la población se priorizaba la instalación de estos teléfonos en los pueblos y barrios periféricos de las ciudades, típicamente en lugares frecuentados como bares y tiendas o incluso en casas de particulares significados de la población. Lógicamente, en todos las centrales telefónicas manuales, atendidas por las operadoras o telefonistas, se disponía de este servicio.

Cuando la central de la que dependían estos teléfonos era manual, todas las llamadas que se realizaban por ellos pasaban por el control de la telefonista de la central. De esta forma la operadora calculaba el precio de la llamada aplicando la tarifa que correspondiera a cada caso. Para dicho cálculo se aplicaba lo indicado en el “Nomenclator de Centros”, extenso documento editado por el Departamento de Tráfico en el que se relacionaban todos los posibles origenes y destinos entre los que se podía establecer una conferencia con la tarifa a aplicar en cada caso. Una vez acabada la conferencia, la operadora le indicaba al titular encargado de la línea llamante la tarifa aplicada para que procediera a su cobro.

Teléfonos de previo pago: Posteriormente se desarrolló la tecnología para poder anticipar el cobro mediante “fichas” que se adquirían previamente y que “desbloquean” el aparato, permitiendo realizar las llamadas durante un tiempo prefijado. Estas “estaciones de pago previo”, como se denominaban a finales de los años 20 del pasado siglo, eran también atendidas (y controladas) por las telefonistas desde su cuadros de operación manual en las centrales de las que dependían. Estos nuevos teléfonos de pago previo que comenzaron a instalarse en 1928, supondrían una liberación para los propietarios de los establecimientos en donde se instalaban, al limitarse su labor, en la mayoría de los casos, a la venta previa de las fichas a los usuarios. Algunos tambien se instalaron en el exterior de los locales, con unas marquesinas murales, como el muy famoso “Teléfono Público” del establecimiento “Viana Park” del Retiro madrileño que se ha dado en llamar “la primera cabina española”, aunque la aplicación del término “cabina” al caso sea muy discutible.

Más tarde, nuevos aparatos de previo pago permitieron el uso directo de monedas de curso legal y después de tarjetas monedero que editaban las propias operadoras telefónicas. Esto permitió un gran crecimiento del número de cabinas públicas en las calles así como la aparición de nuevos modelos, los llamados “Teléfono Regular de Monedas”, los TRM. Estos tuvieron gran éxito en todo tipo de locales, permitiendo a los diferentes negocios con atención al público, sobre todos los dedicados al turismo, facilitar el acceso al servicio telefónico en el interior de sus locales. Este servicio usaba una línea regular que permitía el previo pago de la tarifa al usuario final empleando monedas directamente. Pero estos TRM rara vez se disponían en “locutorio o cabinas” de interior.

Finalmente, y como sabemos, “los teléfonos móviles invadieron nuestras vidas” y su expansión sin límites vino a marcar el final, no sólo de las cabinas, sino de todo tipo de aparato previo pago. Final de larga agonía que vienen sufriendo estos elementos que durante medio siglo salpicaron la geografía urbana de nuestras ciudades y que merecen ser valorados ya como patrimonio histórico; y no solo la de la famosa película para televisión “La cabina” de Antonio Mercero, que pronto tendrá su monumento en Madrid.


(*) Como curiosidad en el archivo del IPCE se pueden encontrar en el Archivo Pando, seis interesantes negativos fechados en 1965 (signaturas PAN-B-001531 a PAN-B-001536) de planos de diseño de varios modelos de cabinas telefónicas encargados en su día por la Agencia de Publicidad Stentor para la constructora Agromán.

Cabina Telefónica, negativo, Pando Barrero, Archivo Pando, IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte. sig. PAN-B-001531

Todo lo que hemos escrito hasta la fecha sobre cabinas:

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Inquieto e interesado en casi todo...

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Publicado en Cultura, Historia, Patrimonio, Telefonía
2 comments on “Sobre cabinas y locutorios…
  1. Fernando dice:

    Hola buenos días, simplemente un saludo cordial a este blog de la historia de la telefonía, un técnico de Cabinas Telefónicas de Valencia y uno de los 9 compañeros oficiales de Cabinas de España que quedamos, después de que fuimos más de 1200 compañeros, en fin mi vida laboral se arraiga mucho a este servicio ya son muchos años desde 1987.
    Saludos a todos

    • Férnando, gracias por leernos y por tu comentario. Sin duda tendrás muchos recuerdos y experiencias vividas entre cabinas y teléfonos públicos en tantos años de profesión. Si te apetece escribir sobre ello aquí estaremos encantados de darlas a conocer.
      Saludos.

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