«El fantasma de la Telefónica»

«Si Gaston Leroux levantara la cabeza quizás ahora escribiría una novela de intriga y terror con el mismo título que esta entrada. Seguro que, con su experimentada sensibilidad, paseando por la Gran Vía madrileña, al llegar a su actual número 28 sentiría una sensación inconfundible, similar o idéntica a la que se respira en los alrededores de los viejos panteones centenarios de las necrópolis de las grandes ciudades…»

Sin ser tan expertos en esas lides, cualquier extelefónico que se aproximara al citado edificio tendría similares sensaciones. Sobre todo al observar que lo que desde hace casi un siglo fue un templo de modernidad y tecnología se convierte en un altar más dedicado al consumo o al turismo de alto nivel, perdiendo su esencia original y pervirtiendo el valor patrimonial de un inmueble excepcional.

Vista de la Telefónica, abril 2025

Sólo unos pocos edificios se ganan el privilegio de tener un nombre propio, popularmente asignado y consolidado por su uso ordinario, «la Telefónica» es uno de ellos. No en balde, su constructora, la Compañía Telefónica Nacional de España, la CTNE, la que ahora la vende1, cambió su marca hace años quedándose sólo con «Telefónica» (en la actualidad, algunos maliciosos de esos mismos «ex» apuntarían que poco le queda de esa segunda palabra del nombre inicial…, porque de las otras tres, «rien de rien», que dirían nuestros vecinos del norte).

Volviendo al edificio, además de su nombre propio, se ha ganado también el de tener un «fantasma». Y en esa liga ya son menos los que juegan…

Fantasma el de la Telefónica, que lleva un tiempo inquieto en su tumba… y saliendo de ella más de lo que acostumbraba.

Muchas son las cosas que le empujan a abandonarla y merodear por los pasillos, salas y galerías del edificio, ahora que el silencio se ha apoderado de ellos y que pronto nuevos y radicales cambios harán difícil recordar lo que fueron. Antes de que eso ocurra el fantasma de la Telefónica se afana lo imposible en revivir sus recuerdos… de casi cien años.

En el vacío de las diferentes estancias se sienten aún los ecos de los sonidos mecánicos de los equipos que allí funcionaron. Los de conmutación Rotary, cuyos motores, ejes y relés tantos años operaron sin pausa, parecen escucharse al paso etéreo de nuestro personaje que levanta los penetrantes olores del pulido linóleo de los suelos… que luego fueron reemplazados por los falsos suelos técnicos que soportaron los mucho menos pesados bastidores de un equipo electrónico, digital, silencioso, del Sistema 12, que ahora ya tampoco está.

«…los sonidos mecánicos de los equipos, motores y relés… la sombra de los bastidores y mesas.. se pueden aún descifrar observando suelos, paredes y los altos techos.»

También la sombra de los bastidores de los equipos de transmisión, de las mesas de prueba interurbanas, de los equipos de radio, de los relojes patrones, se pueden aún descifrar observando los suelos, paredes y techos…

Y en las luminosas salas, en los que varias generaciones de telefonistas atendieron los cuadros manuales del servicio de conferencias o de información, bajo la atenta mirada de las vigilantas, nuestro nostálgico fantasma parece suspirar intentando recordar el familiar murmullo femenino…

En otras estancias, antes salas de oficinas o de descanso, muchas de ellas alrededor del patio de luces, se intuye el trasiego de los técnicos y administrativos, el olor de las tintas de los delineantes y el sonido de las mecanógrafas…

En las noches sin luna, las más oscuras, a la hora en que el murmullo urbano es mínimo, gusta nuestro fantasma de salir a la azotea, justo en aquel lugar dónde el monarca se hizo la famosa fotografía, después emulada por otros, con el edificio recién acabado, y ya el más alto de los rascacielos europeos del momento…

Siempre descansa unos minutos en la planta noble, en la sala del Consejo, en la que tantas horas de discusión y debate los directivos de la empresa pasaron. ¿cuántas decisiones y cuestiones de importancia se tomaron allí? ¿cuántos secretos y confidencias guardan sus paredes?…

Deambulando en su eterno recorrido por la Telefónica, cuando baja a los sótanos, percibe con claridad el aroma acre de los ácidos de las salas de las viejas baterías abiertas que aún impregnan las paredes, a pesar de la pintura especial que las cubría. También se aprecia el olor de la grasa consistente y de los gasóleos de los grupos electrógenos y el zumbido metálico de los rectificadores de las salas de fuerza. Siempre cuando hace este recorrido se para un momento en el lugar exacto en el que yace enterrado el enorme volante de inercia del Grupo Pelapone que fue tumbado y enterrado allí mismo tras su último servicio…

No siempre el edificio mantuvo la rutina empresarial impuesta por sus dueños iniciales, los americanos de la ITT, que se trajeron cientos de normativas y reglas de trabajo que todo lo regulaban al detalle; hubo periodos de gran agitación sobre todo en los años 30 del pasado siglo XX, especialmente durante la Guerra Civil, que dejaron su huella y elevaron la categoría del edificio, aún más si cabe, a protagonista de la Historia (con mayúsculas). Así lo atestiguan en sus obras afamados autores de entonces (como la pareja Ilsa y Arturo Barea) y reconocidos historiadores posteriores, recuerda el fantasma, sobre todo cuando pasea por los sótanos.

El lujoso vestíbulo tras los imponentes ascensores con su panel mural en el que quedó plasmada la geografía objetivo que la nueva empresa telefónica se proponía conquistar, y a su lado el recuerdo a los millares de «telefónicos» que desempeñaron su labor durante tantos años obra en relieve en bronce.

Y cuando se acerca a la galería de cables… piensa en hacer una escapada y buscar a los fantasmas errantes de otros edificios madrileños con los que mantiene relación, se entiende bien con el del Palacio de Comunicaciones de Cibeles, junto con el cual intentan consolar a los de las desaparecidas centrales de Jordán y Hermosilla que vagan desorientados sin refugio… pero hay otros más, como el de la central de Delicias y otras más, también comunicadas por la red subterránea madrileña que temiendo también un futuro incierto se reúnen ávidos de consuelo…

Y nuestro amigo el fantasma de la Telefónica, se pregunta por su cruel destino…

Qué sensaciones tendrá cuando, los diferentes espacios técnicos con sus altos techos, sean transformados en habitaciones de hotel o viviendas de lujo, para que los magnates2 de todo el mundo puedan presumir de hollar a su antojo un rincón de la Telefónica en el corazón de Madrid. Sin duda, nuestro fantasma, sufrirá…

Y nosotros, los mortales, sufriremos también la pérdida de la oportunidad (otra más) de haber convertido tan prestigioso edificio, elemento principal y destacado del patrimonio histórico de las telecomunicaciones españolas (y de la historia del siglo XX) en «buque insignia» del mismo, constituyendo en él, un Centro Cultural Integral.

Centro Cultural Integral, idealmente gestionado por un órgano de la administración pública convirtiendo el edificio en un gran atractivo centro cultural ciudadano, dedicado principalmente a las telecomunicaciones y a su historia.

«… perdemos la oportunidad de convertir tan prestigioso y destacado edificio del patrimonio histórico de las telecomunicaciones españolas (y de la historia del siglo XX) en un único Centro Cultural Integral que habría hecho de Madrid un referente europeo…»

En el que se hubiera posibilitado la creación de un Museo Nacional de la Historia de las Telecomunicaciones, fiel heredero y continuador del museo inicial que allí ya existió (entre 1992 y 2007). E incluyendo la integración de espacios expositivos, divulgativos, académicos y de innovación de las tecnologías de la información y comunicación.

Esto hubiera situado a Madrid como referente europeo en patrimonio tecnológico y cultura digital. Además para Telefónica hubiera supuesto consolidar de manera permanente el vínculo entre su marca y el edificio más emblemático de su historia, del que tanto ha presumido siempre (la bibliografía y la hemeroteca lo atestiguan).

Pero, por lo que parece, esto no será así… y nos compadecemos por ello junto con nuestro madrileño fantasma, que no se hará tan famoso como aquél otro parisino que inmortalizara Gastón Leroux en su famoso «El fantasma de la Ópera«.


  1. Cuando escribimos esto, abril de 2026, todas las noticias apuntan a que el proceso de venta del edificio, anunciado desde junio de 2025, está a punto de cerrarse. Véase por ejemplo esta noticia. ↩︎
  2. ¡Qué curioso resulta que entre «magnate» y «mangante» haya apenas sólo una letra más de diferencia…!¡Cosas del castellano! ↩︎

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Inquieto e interesado en casi todo...

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Posted in Historia, Memoria del Trabajo, Opinión, Patrimonio, Telefonía
14 comments on “«El fantasma de la Telefónica»
  1. Avatar de Luis Méndez Luis Méndez dice:

    Es un gran epitafio para lo que fue como edificio de referencia y como referente para los que amamos la historia de la telefonía a la cual, muchos, dedicamos nuestra vida profesional. !Es un triste recuerdo que pronto se borrara de las mentes y como referencia¡. Cuando faltemos los románticos solo quedará, en el olvido de las bibliotecas lo que escribamos…. así que entre todos juntemos nuestras páginas y hagamos el recuerdo que queramos pues la Dirección de Telefónica no lo va a hacer…..
    P.D. Es una pena que Telefónica no dedique una migaja, unos pocos miles de euros, en documentar su Historia.

  2. Avatar de Electrón Volador Electrón Volador dice:

    Cuando en las empresas tecnológicas hay mas abogados y economistas que ingenieros se queda en empresa sin tecnología. El resto es márquetin.

  3. Avatar de Baras Baras dice:

    Magnífica dedicación y compromiso de los empleados-compañeros que nos sentimos. En cuanto al edificio la riqueza del patrimonio interior es superior al de estructura… alguien lo hará desaparecer

  4. Avatar de JOSE LUIS GARCIA FERNADEZ JOSE LUIS GARCIA FERNADEZ dice:

    He tenido el honor de trabajar en este edificio como mecánico de conmutación durante los años 1968 a 1975, sufriendo el incendio que se originó en los archivos situados en los sótanos, entre otras cosas, pateando por todas las plantas desde la galería de cables, primera repartidor, 2ª equipo rotary,3ª averías y M.P.U. donde se determinaban las averías urbanas, de todo Madrid,…..etc. hasta la planta 13ª. Y siento tristeza que se convierta este edificio en un Hotel. Enterrando para siempre todas las comunicaciones tan Importantes que han pasado por este edificio.

    • Jose Luis, gracias por leernos y por tu comentario.
      Seguro que recuerdas, como apuntas, muchas anécdotas de tu experiencia laboral vivida en el edificio de Gran Vía. Esas historias merecen ser recordadas y tienen ahora mayor valor, si cabe, cuando se desfigura el lugar dónde ocurrieron.
      Saludos

  5. Avatar de Juan Rubio Martínez Juan Rubio Martínez dice:

    Un artículo magistral en fondo y forma, José Ramón, que viene a entristecernos a todos los que de alguna manera nos sentimos «vendidos» junto con ese edificio, un sentimiento muy por encima del ya experimentado con otras ventas de otros edificios que conocimos y habitamos, como la también emblemática central de Plaza de Cataluña en Barcelona, o Alcántara, Don Ramón de la Cruz, Lérida, Emilio Vargas,…en Madrid.

    Pero Gran Vía es otra cosa, «otro nivel», como se dice ahora, Gran Vía es/era LA Telefónica, como tú bien señalas. Ha sido durante 100 años el máximo emblema y la materialización física de lo que fue «nuestra» empresa, la que formábamos todos los que nos dejamos un buen puñado de años de nuestras vidas trabajando en ella y para ella. Algo de nuestros espíritus y nuestros sudores se venderá con ella y desaparecerá para siempre entre escombros cuando lleguen con sus piquetas los mercenarios a sueldo de los políticos que la asaltaron a principios de 2024 (entrada de la SEPI) y consumaron el golpe en enero de 2025 (defenestración de Pallete y «colocación» de Murtra por Sánchez)
    .
    Tristemente, el oportunismo sanchista y la ambición empresarial catalana (muy indepe, pero muy colonialista ella) parecen haber decidido, tras ese asalto y el subsiguiente acaparamiento de poder interno, liquidar y hacer caja con todo lo liquidable orbi et orbe. Aparte de veleidades como convertir a Telefónica, dicen, en una empresa ¡de Defensa!, previa absorción por parte de Indra (más bien apropiación indebida por ésta de aquella), por orden del felón Sánchez.

    A nuestra Telefónica la están matando y ella sola se muere.

    Saludos

    • Gracias Juan por tus comentarios.
      Es triste ver la poca valoración que se le da al patrimonio histórico en nuestro país. Y sobre todo al tecnológico.
      La noticia de la puesta en venta saltó a la prensa a mediados del año pasado, y apenas ha habido reacción alguna de ninguna institución ni de agentes sociales. La concienciación en estos temas es mínima. Y sin embargo, nuestro patrimonio (el que aún se conserva), es en gran medida, uno de los atractivos turísticos de España.
      Sólo tendríamos que copiar a nuestros vecinos. Por ejemplo, a los portugueses, cuya Fundación Portuguesa de las Comunicaciones tiene su principal sede y museo en su «telefónica lisboeta».
      Y no hablemos de la pérdida de marca y prestigio de Telefónica, que ya de paso, podría buscarse otra denominación..
      Saludos

  6. Avatar de adomon adomon dice:

    Genial entrada / Post
    Nos ilustra y emociona
    Ojalá un Museo de Telecomunicaciones en GV28 que, a semejanza de Portugal tuviera como patronos
    – CMT (ahora parte de la CNMC)
    – Correos y Telégrafos
    – Telefónica
    – SE Teleco / Ministerio Transformación Digital
    ¿es mucho soñar? ¿cuántas personas podríamos movilizar para lograr una protección del patrimonio tecnológico que este edificio histórico representa?

    • Gracias Adolfo.
      Como sabes, desde hace tiempo venimos hablando del tema en todas las ocasiones que se nos presentan.
      La solución pasa por la creación de una institución, una fundación o similar, conformada por todos los actores sociales implicados, relacionados o simplemente interesados que se dedique como misión primordial a la protección del patrimonio histórico de las telecomunicaciones.
      A estas alturas, sólo la administración pública podría asumir el liderazgo de la misma… y no veo que en estos tiempos estén en esa línea.
      Veremos
      Un abrazo

  7. Avatar de Gilles Multigner Gilles Multigner dice:

    Tengo algunas dudas de que las dos palabrejas puedan encajar en la figura retórica de oxímoron. Pero no me asalta ningún recelo a la hora de encabezar este comentario de la siguiente guisa: IMPECABLE y LAMENTABLE.
    Impecable, la reflexión de José Ramón Iglesia.
    Lamentable, la decisión objeto de esta; no ya el hecho consumado, que parece estar al caer, sino, tan siquiera, la idea de enajenar el símbolo, la Memoria Histórica, de las modernas telecomunicaciones en España.
    Hablando de memoria, me vienen al recuerdo, las veces que, en una ya lejana década, procedente de ENTEL, donde trabajaba, entraba en ese edificio por la calle Valverde, subía por uno de esos ascensores que figuran entre las fotografías que reproduce José Ramón, hasta el despacho de un alto empleado y … (la discreción profesional me impide prolongar esta evocación).
    También recuerdo las veces que, en décadas posteriores, entraba en ese mismo edificio, esta vez por la calle Fuencarral, para recorrer y disfrutar de las salas del Museo de Telefónica (¡perdón!, de la Colección Histórico-Tecnológica de Telefónica) tutelado por Rafael Romero; sin olvidar las actividades impulsadas por Roberto Velázquez desde la Fundación.
    Bien pensado, este inexplicable propósito quizás sea la contribución de Movistar y compañías, en este 2026, al sesquicentenario de la invención de Alexander Graham Bell…
    Nos quedan las Historias de la Telefonía y las Telecomunicaciones en España, y mi agradecimiento a sus autores.
    Gilles

    • Muchas gracias Gilles por tus siempre amables palabras y por compartir algunos recuerdos de tus andanzas cerca de edificio que ocupa el número 28 de la madrileña Gran Vía. No conocía al que fue Director de Fundación Telefónica, entre 1998 y 2001, Roberto Velázquez Martín , si por supuesto a Rafael Romero, que fue Director del Museo de la «colección», que sigue colaborando con nosotros.
      En fin, si Bell (y Meucci) levantaran la cabeza… pero me figuro que estarán también consolando a nuestro fantasma.
      Un abrazo
      Jose Ramón

  8. Avatar de Vicente Miralles Vicente Miralles dice:

    Pasé buena parte de mi vida profesional entre el Palacio de Comunicaciones de Cibeles, donde llegué a ser el máximo responsable de la Ingeniería de la Corporación telegráfica, y posteriormente en el edificio de la Telefónica de Gran Vía como Secretario general de la Delegación del Gobierno. Y tengo que lamentar que ambos emblemáticos edificios, de los que guardo los mejores recuerdos hayan perdido en la actualidad la función inicial para la que fueron construidos, por comprensibles razones técnicas y económicas, aunque su historia perdurará por el decisivo papel que desempeñaron durante casi cien años en las telecomunicaciones españolas. A los que tuvimos la fortuna de trabajar en sus dependencias no se nos olvidarán las experiencias y logros profesionales que nos proporcionaron.

    Afortunadamente, blogs como el presente, que con evidente acierto ha cambiado su cabecera para incluir en ella todos los aspectos de las telecomunicaciones, o el Foro Histórico de la AEIT y muchos otros especialistas que se ocupan de estos temas mantienen viva esta historia bicentenaria.

    Personalmente, no podré olvidar mientras viva las transformaciones que tuvimos que ir realizando en el edificio de Cibeles para la implantación y extensión de los servicios télex y géntex, o el traslado a mi despacho en la planta 7ª de Gran Vía del aparato Hughes que luego pasó al Museo de Telefónica, junto con otros aparatos y elementos telegráficos que adornaban el mobiliario recordándome mis orígenes, o el teléfono Ericsson de 1930 de la Red Telefónica Oficial (RTO) a cuatro cifras que me facilitaba las relaciones con Cibeles y otros Organismos de la Administración.

    Gracias a todos los que os ocupáis con encomiable y desinteresada dedicación al estudio y difusión de las crónicas y testimonios de las telecomunicaciones españolas.

    • Estimado Vicente, es todo un orgullo saber que nos sigues y contar con tus comentarios. Muchas gracias por ello.
      Sin duda, tú mismo eres principal y destacado ejemplo de dedicación al estudio y difusión de la historia de las telecomunicaciones y gracias a tu trabajo tenemos asegurado el conocimiento de gran parte de esa historia y de su patrimonio. Y te viene de familia. No en valde, uno de los pocos museos de la historia de las telecomunicaciones en nuestro país, el de la Universidad Politécnica de Valencia lleva el nombre de tu padre “Museo Vicente Miralles Segarra” y tú mismo tuviste un papel principal durante años en el de la escuela de Moncloa de la Politécnica de Madrid el “Museo Joaquín Serna”.
      Son dos dignos ejemplos que no nos consuelan suficientemente respecto del incierto futuro del «Museo Postal y Telegráfico» que lleva ya dos años perdido en su viaje a Toledo…
      Y el tiempo pasa y, aunque la historia del conocimiento la preservemos entre todos (con no poco esfuerzo) el patrimonio material se deteriora, se pierde y se olvida…
      La administración y las empresas del sector no pueden dar la espalda a esto, aunque sean comprensibles sus motivos económicos. Los que hemos sido profesionales del sector los entendemos muy bien, pero el patrimonio histórico es de todos y es responsabilidad de todos preservarlo para las generaciones futuras.
      Es preciso comprometerse en ello.
      Solo hay que seguir el ejemplo de otros países vecinos nuestros.
      Saludos cordiales
      Jose Ramón Iglesia

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