La conmutación automática. Origenes.

La historia de los sistemas de conmutación telefónica automática, su origen y desarrollo, es compleja. Empezamos aquí una serie sobre el tema, que pretende ser una breve síntesis y que por tanto sólo apunta dicha complejidad. Será preciso acudir a las fuentes bibliográficas, que iremos referenciando, para profundizar en ello. En estas “historias de la telefonía”, y atendiendo a nuestra vocación, intentaremos destacar los eventos relacionados o sucedidos “en España”.

El desarrollo de la telefonía, como todos los avances con un gran componente tecnológico, está inseparablemente asociado al crecimiento del nivel económico y social, con una fuerte influencia mutua. En este sentido la automatización de las redes telefónicas fue fundamental, tanto para el desarrollo del propio servicio telefónico, como del  tejido industrial asociado a la fabricación de sus equipos e infraestructuras, ya que supuso el despliegue de una industria a gran escala. que necesitó de una importante y cada vez más cualificada fuerza del trabajo, cuantitativamente significativa, tanto en los procesos previos de investigación y desarrollo, como en los de fabricación y comercialización, así como en su posterior instalación, operación y mantenimiento.

Apenas un par de años después de la invención del teléfono y su presentación en sociedad en 1876, surgieron ya las primeras propuestas de soluciones automáticas para evitar la intermediación de terceras personas, los operadores, en el establecimiento de las comunicaciones locales entre los abonados.

Una vez que el desarrollo de los nuevos equipos automáticos alcanzó el nivel suficiente para representar una alternativa real a los sistemas manuales previos, comenzó -en paralelo a la continuación del despliegue del teléfono como servicio básico- el proceso de automatización que, curiosamente, no fue acogido inicialmente con entusiasmo por todos los actores, principalmente por gran parte de las empresas establecidas ni por todos los usuarios, que veían que los nuevos sistemas imponían que fueran “ellos los que hicieran el trabajo de las operadoras”.

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Buscadores de una central de conmutación telefónica del sistema Rotary

Así, no es extraño encontrar en los textos de principios del siglo XX justificaciones de las ventajas de los equipos automáticos frente a los manuales. Como ejemplo, todavía en el primer capitulo de la edición de 1921 de “Automatic Telephony” de Arthur Bessey Smith y Wilson Lee Campbell (McGraw-Hill) que podéis leer completo aquí, se decía:

“El abonado requiere, sin demora innecesaria, sin esfuerzo excesivo en si mismo, conectar con el teléfono que él desea (y con ningún otro), hablar con el abonado llamado fácilmente y sin interrupciones o escuchas, y tener este servicio disponible continuamente”

O con reticencias aún, justificando los llamados sistemas “semiautomáticos” como cita Antonio Castilla López en su articulo “Las Centrales Telefónicas Modernas” en la Revista Ibérica (Vol III nº 62 marzo de 1915):

“Los sistemas automáticos han tenido y tienen detractores; no precisamente por su funcionamiento, que la practica ha demostrado ser irreprochable, sino por el hecho de que obliga al abonado a usar el combinador (el disco), de lo que es indudable se derivan en la practica algunos inconvenientes. Debido a esto se han creado los sistemas semi-automáticos, en los que la estación de abonado carece de combinador, siendo similarmente como las de red a batería central. Estos sistemas conservan la intervención de una telefonista en las comunicaciones,…”

Los procesos de expansión e implantación de la nueva tecnología de comunicación en los diferentes países fueron heterogéneos, al ser afectados inevitablemente por las circunstancias del momento en cada zona. Así, mientras en muchos rincones de los diversos continentes las redes telefónicas, en su configuración manual más básica, tardarían en llegar aún más de medio siglo, en cambio, en las ciudades más pobladas e industrializadas de los países avanzados se inició pronto, antes incluso de finalizar el siglo XIX, la sustitución de las grandes centrales manuales por nuevos equipos de conmutación automática.

Aunque hubo varios mecanismos ideados para controlar remotamente la selección de varios abonados concentrados sobre una sola línea de enlace (sobre todo en el ámbito rural), hay acuerdo en las fuentes bibliográficas en reconocer que fueron M. Daniel Connolly, de Filadelfia; Thomias A. Connolly, de Washington, D. C., y Thomas J. McTighe, de Pittsburg, Pensilvania (Connolly&McThige) los que en 1879 presentaron su patente de una primera idea de central automática, que posteriormente llevaron a la Exposición de París en 1881.

Equipo La Porte

Conmutador central La Porte (EEUU) en 1984. De la conferencia de Ramón Vilanova Bosque. Curso Conferencias Semanales CTNE, Abril 1927

Unos años después, en 1889, Almond Brown Strowger patentaba su primer conmutador automático paso a paso, que se empleó, junto con las ideas de los anteriores, en la primera central automática de la historia, instalada en noviembre de 1892 en la ciudad de La Porte (Indiana, EEUU), equipada con 75 abonados y preparada para un máximo de 99 líneas. En esta instalación los abonados marcaban el número deseado, pulsando diferentes interruptores (centenas, decenas y unidades) las veces necesarias en su aparato telefónico de batería local conectado a la central por cinco hilos. Otro equipo diseñado por los hermanos Lorimer, en Canadá, empleaba “palancas marcadoras” en vez de pulsadores, para identificar el número deseado en el aparato de abonado, enviándose los impulsos correspondientes al accionar a continuación una manivela o palanca adicional.

También hay que mencionar las menos conocidas experiencias que por aquellos años realizaron los inventores rusos Berdichevsky-Apostolov y Mikhail Filippovich Freidenberg, construyendo con éxito una central automática para 250 líneas en Odessa en 1893, y diseñando posteriormente centrales automáticas de gran tamaño.

En 1895, en una nueva patente solicitada por los ingenieros de la Strowger Automatic Telephone Exchange Company, Alexander Keith, y John & Charles Erickson, se ideaba el “disco de marcar” o dial, que se construyó con orificios numerados para los dedos montados en el borde exterior de una placa circular que podía girarse. El sistema de disco con agujero para el dedo reemplazó el formato original de botón pulsador, utilizándose este sistema de marcación comercialmente por primera vez en 1896, empleándose aún tres hilos, uno de ellos a tierra, por cada línea de abonado. El disco pequeño con los agujeros para los dedos interno se inventó en 1907, y se usó en una primera instalación con dos hilos (sin tierra) por línea, en 1908.

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Teléfonos automáticos Strowger 1892-1922. (telephonecollectors)

Hay que destacar que estas primeras centrales automáticas no tenían “tono de marcar”. Los abonados simplemente marcaban tras el descuelgue del auricular (en Estados Unidos los aparatos telefónicos empleados mantuvieron durante años el auricular independiente del micrófono, sin embargo en Europa el “microteléfono” se implantó rápidamente). Fue la empresa Siemens&Halske en Alemania la que en 1913 introdujo esta mejora, el tono de invitación a marcar, en los equipos que fabricaba bajo licencia de la Automatic Electric americana. Este mejora del tono de marcar, se incorporó en Estados Unidos después, en 1919, en las primeras centrales Strowger que se adoptaron por el “Sistema Bell”, cuando finalmente se optó por la instalación de estas centrales automáticas (información tomada del libro Automatic Telephone Practice, Harry E Hershey, 1954 citado en la web telephonetribute ).

Hay buena bibliografía en la que podemos encontrar detalle de los protagonistas, sus inventos, patentes y avatares, pero pocos en castellano. De estos últimos destacamos el trabajo de uno de los pioneros de la telefonía en España, Manuel Marín Bonell, que en diversos artículos -como la Enciclopedia Espasa en 1928-, pero sobre todo en su Telefonía (Salvat, Barcelona 1939), nos resume los hechos destacados.

Más antiguo, de 1923, es el libro Instrucciones Prácticas Telefónicas de Luciano García y López editado por la Dirección de Correos y Telégrafos, dónde se dedica un Apéndice a la Conmutación Automática. De este texto tomamos esta acertada definición de los tipos de sistemas automáticos existentes en la fecha, que se incluye después de comentar las características de los sistemas semiautomaticos:

“Según la manera de operar los órganos de la Central, se clasifican los sistemas en dos categorías: 

Sistemas de impulsiones directas o paso a paso, en los cuales la puesta en comunicación o selección se efectúa bajo el gobierno directo de la llamada enviada por el abonado o transmitida por la operadora, a medida que se desarrolla esta llamada o esta transmisión.

Sistemas de impulsiones registradas o inversas, en las cuales las impulsiones de llamada o de transmisión no hacen ningún efecto directo sobre la selección, produciéndose ésta por la intervención de dispositivos intermediarios encargados de establecer la comunicación tan pronto se encuentren disponibles los circuitos necesarios.”

En resumen, hasta finales de los años 30, el estado del arte en cuanto a sistemas de conmutación automáticos consistía principalmente en las siguientes cinco familias de sistemas, de las que hablaremos con más detalle en entradas posteriores. Hubo otros sistemas que no llegaron a tener el éxito de los que se mencionan a continuación, pero que aportaron novedades y mejoras que fueron aplicadas en estos (destacamos los ideados por Callender, Lorimer y Betulander).

  • Sistema Strowger, del tipo progresivo o “paso a paso”, ya citado. Fabricado ampliamente. En America principalmente por la Automatic Electric Co. También por la Western Electric Co. En Europa por Siemens&Halske y la Automatic Electric inglesa. En España, la primera central automática pública instalada en Balaguer (Lérida) en 1923 por la Mancomunidad de Cataluña fue de este tipo.
  • Sistema Western Rotary, de rotación continua por impulsos inversos (registrador). Tuvo mayor despliegue en Europa que en América, fabricado por la Western Electric en Amberes y por su filial española, Standard Electrica SA, en Madrid. Fue el empleado en España por la CTNE de la mano de ITT hasta la posterior llegada de los sistemas de barras cruzadas. La primera instalación española de este tipo se puso en marcha en Santander.
  • Sistema Ericsson, de rotación continua por impulsos inversos (registrador) con un selector con un carro portaescobillas de dos movimientos rotatorio y otro lineal de penetración. Fabricado en Suecia por la L.M. Ericsson. A este tipo perteneció la segunda central pública automática española en San Sebastián.
  • Sistema Panel, con el campo de contactos configurados en una estructura rectangular “de paneles” en los que las escobillas se desplazan de abajo a arriba. Es también un sistema por impulsos inversos registrados. Fabricado por Western Electric Co. en America y aplicable sólo en grandes ciudades.
  • Sistema de Relés, sin máquina alguna, sólo relés organizados en estructuras matriciales, que se activan según sus coordenadas para establecer la selección buscada. Se emplearon para pequeñas centrales rurales o privadas. Fabricados por la RAT Relay Automatic Telephone Co. inglesa.

Para terminar por ahora, remitiros a la acertada clasificación de los sistemas automáticos con la que termina Marín el Capitulo XXXIII de su “Telefonía” que hemos citado y que podéis leer aquí.

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