La telefonía en Canarias entre la Gran Guerra y la llegada de la CTNE

Por Rafael Pérez Jímenez.

En una entrada anterior se ha descrito la evolución de la telefonía en el Archipiélago canario en la época anterior a la Gran Guerra. Continuamos en esta nueva entrega describiendo un segundo periodo hasta la llegada de la CTNE.

Los primeros años del siglo XX habían sido un periodo de una cierta bonanza económica, sobre todo en las capitales con grandes puertos oceánicos (Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma) y que se asociaban a grandes vegas donde se desarrollaba una agricultura hortofrutícola de exportación. En 1912 se crearon los cabildos insulares, que disponían de una cierta autonomía financiera dada su capacidad de recaudar arbitrios sobre la importación de mercancías, aunque disponían de recursos muy desiguales. El Cabildo de Tenerife había heredado gran parte de las instalaciones de la antigua diputación provincial, por lo que no estaba tan sometido a urgencias de gasto como su homónimo grancanario, que tuvo que dedicar gran parte de sus presupuestos iniciales a equipamiento básico como crear un instituto de enseñanza media o atender a unas primitivas infraestructuras sanitarias y de Beneficencia. Por eso el Cabildo tinerfeño dispuso desde el principio de un mayor músculo financiero que le permitió acometer nuevas iniciativas, papel que en la isla vecina desempeñaba el Ayuntamiento de Las Palmas. Dentro de estas iniciativas destacó desde el principio la creación de una red telefónica insular que uniera los dos núcleos que hasta ese momento había en la isla, la red de la capital (Servicio Telefónico de Tenerife o STT) y la del valle de La Orotava (Servicio Telefónico de La Orotava o STO), para luego seguir conectando los distintos pueblos de la isla.

De este modo, el 2 de abril de 1914 el presidente del Cabildo insular, Eduardo Domínguez Alfonso, fue mandatado por la institución para formular el proyecto de una red telefónica insular1, El gran impulsor del proyecto fue el consejero Mario Arozena, que tuvo un papel protagónico en todo el proceso de creación de la red.

La llegada de la Gran Guerra puso un brusco fin a todas estas propuestas. Si para el conjunto de España la Gran Guerra supuso un aumento de la demanda para sus industrias y su agricultura, para Canarias la guerra trajo consigo un súbito descenso del tráfico marítimo del que dependían sus puertos y la pérdida de sus mercados, ya que la fruta que exportaba pasó a ser un artículo de lujo, innecesario comparado con otros bienes como el trigo de Estados Unidos, la carne sudamericana, los metales estratégicos o el petróleo. Esto supuso una crisis incluso de subsistencia para población, agravada por la caída de los ingresos de los Cabildos y una fuerte inflación. Por descontado esto, y la falta de equipos y materiales telefónicos en el mercado, acaparados por los beligerantes, forzó la paralización en la práctica de todos los planes de expansión o mejora de las redes telefónicas en las islas.

Figura 1: Entrada de cables a la central de STT en la calle Castillo de Santa Cruz de Tenerife, que fue objeto de un incendio en 1918 y al que los ingenieros de CTNE calificaron de “tendedero de ropa”. Gaceta de Tenerife, 8 de abril de 1926

De hecho, la prioridad pasó a ser mantener las magras redes existentes. Un ejemplo es el de la red de la STT, que estaba en un estado deplorable como muestran dos ejemplos casi simultáneos: En diciembre de 1917 se suspendía el servicio tras una fuerte tormenta. Pocos días después, en enero de 1918, volvía a cesar el servicio debido “a un incendio en la central telefónica, en concreto en el torreón de distribución de líneas que se hallaba situado en la azotea” (figura 1), situación que se prolongó en algunas zonas durante varios meses. Esto fue provocado, al parecer, por una descarga eléctrica producida por un contacto entre los hilos telefónicos y los cables del tranvía2. Estas averías, y otras que aparecían de forma casi diaria, se debían tanto a la edad de la red como a la falta de suministros y de inversiones en mantenimiento del cableado. En Las Palmas la red urbana también necesitaba una renovación urgente, como se había hecho evidente a la hora de su expropiación por parte del Ayuntamiento. El plan original había sido renovar completamente tanto las líneas como los equipos, para lo que se promovió un concurso en agosto de 1914 que quedó desierto hasta en tres ocasiones. Esto hizo evidente que sería imposible adquirir ese nuevo equipamiento durante la guerra, por lo que, siguiendo el consejo de la dirección de Correos y Telégrafos, y como solución temporal, se procedió a recomprar los equipos de la red anterior que seguían siendo propiedad de la familia Miller3, solución que hubo que mantener hasta 1924, cuando estos ya estaban absolutamente inservibles. La excepción fue Lanzarote, donde se realizó el tendido de una red muy limitada a partir de 1916 a partir de una iniciativa de su Cabildo Insular. Pese a que la red urbana en Arrecife llegó a contar con unos 80 abonados, la calidad de los tendidos era tan deficiente que CTNE tuvo que sustituirlos totalmente a partir de 1924.

Tras la guerra la situación económica mejoró, pero muy lentamente, y sólo en 1923 se fue recuperando el tráfico marítimo hasta llegar a valores comparables a los de preguerra. Pese a que por número de terminales por habitante Canarias estaba en la media nacional4 (3,7 teléfonos por cada 1.000 habitantes) en 1921, estas cifras solo pueden atribuirse a la relativamente mayor importancia del sector comercial en el archipiélago comparado con el de otras regiones, y no muestran la calidad del servicio prestado.. En Las Palmas, en junio de 1919, el Ayuntamiento requirió un informe al ingeniero municipal, Rafael Hernández, “sobre las condiciones técnico-económicas de la Red telefónica de esta ciudad y sobre la urgente necesidad de proceder a la renovación de la misma”5. En él se especificaban los defectos más comunes que había mostrado la revisión: postes podridos o infestados de parásitos, soportes cerámicos rotos, ausencia de tomas de tierra, centrales con apenas un 10% de los conectores en uso o cables con su aislamiento muy deteriorado. Además, todos los tendidos eran aéreos, lo que en las condiciones descritas aumentaba el riesgo de caídas de postes o cables conductores en cuanto las condiciones meteorológicas eran adversas. En dicho informe se solicitaba también la realización de la inversión suficiente para la renovación de la red y la creación de una central con capacidad para mil abonados, cantidad que se consideraba perfectamente alcanzable dada la población de la capital insular y su actividad económica, y que aseguraría la rentabilidad de la empresa. De esta manera se daría respuesta a una creciente lista de espera de solicitantes de servicio, que no podían acceder al mismo por falta de capacidad en las dos centrales de la capital (una situada en la Calle León y Castillo y otra en el Puerto de la Luz), que arrastraban un nivel de degradación tal que fueron calificadas de “cadáver al que pronto no hará mover ni la más poderosa corriente galvánica”, en un artículo de Diario de Las Palmas en septiembre de 1920.

En mayo del año siguiente, la comisión de Hacienda del Ayuntamiento informó favorablemente el expediente para proceder a la renovación total de la red telefónica de Las Palmas, pero la situación económica de la Corporación era tan mala que hubo que plantearse la necesidad de suscribir un empréstito, en cuyo monto se debían tener en cuenta los incrementos de costes de material, ya que, por ejemplo, por aparatos terminales que antes de la guerra se vendían a menos de 250 pesetas se solicitaban ahora hasta 850. A todo esto, se sumaba la necesidad de extender la red a los municipios del sur de la isla, algo en lo que la acción del Cabildo hubiera podido ser decisiva, pero tampoco la institución insular disponía de los medios necesarios para colaborar.


Un ejemplo de los problemas para esta expansión lo muestra el caso de Telde, entonces como ahora segundo municipio en población de la isla. Durante la Guerra se hizo el estudio para conectarla con la red capitalina, lo que requería coste muy modesto (unas 7.000 pesetas), que podía ser asumido sin dificultad incluso en las penosas condiciones de ese periodo por ambos municipios. Tras varios intentos, por fin se pudo licitar la compra de los materiales, que se fueron recibiendo a lo largo de 1917. La conexión de Telde se hubiera llevado a cabo entonces si no hubiese sido por la llegada de un invitado inesperado: la gripe española de 1918. Al llegar a la isla el buque Infanta Isabel con cerca de 500 enfermos a bordo hubo que tomar medidas drásticas para su aislamiento, como rehabilitar el lazareto de Gando (cerca del moderno aeropuerto) como lugar de acogida. Se hizo entonces prioritario que éste estuviera conectado telefónicamente con la capital, lo que obligó a disponer tanto de los postes ya instalados, como de los materiales acopiados para las líneas de Telde, y retrasó la puesta en servicio de la subcentral hasta enero de 1919.

Mapa 1: despliegue en la isla de Gran Canaria en 1923. Fuente: Elaboración propia a partir de datos de MPT/Anuario de telégrafos 1923/ y AHPLP/Ayto/Teléfonos leg. 2, exp. 8.

Esta situación hizo que Correos y Telégrafos tomase la iniciativa de expropiar las redes, o al menos la red municipal. En marzo de 1922 el Ayuntamiento había solicitado autorización para una subida de tarifas de un 25%. La respuesta del ministro de Gobernación fue ordenar una inspección por parte de funcionarios de Correos y Telégrafos que dejó a las claras toda una serie de irregularidades en el servicio, por lo que, siguiendo el mismo procedimiento que se había seguido con la red telefónica de Sevilla6, se decretó el 10 de abril 1922 que “quede rescindido el contrato de arriendo de la red telefónica de Las Palmas al Ayuntamiento, y que el Cuerpo de Telégrafos se incaute de dicho servicio”7. El 21 de ese mismo mes el pleno de la corporación municipal dio el “enterado” a esta disposición8, con la única prevención de que no resultase perjudicado el personal que ha venido prestando sus servicios en la red. No hubo, ni por parte de la Corporación ni de la opinión pública (al menos, de la opinión “publicada”) ni una gran resistencia ni un gran pesar por la pérdida de la gestión directa de este servicio, aunque dejaba a la mitad sur de la isla incomunicada (ver mapa 1), ya que en su estado se contemplaba más como un problema que como una oportunidad de negocio.

Por eso la situación de la vecina isla de Tenerife supone un contraste tan llamativo por el compromiso de la institución insular con esta tecnología. Una R.O. del Ministerio de Gobernación de 6 de diciembre de 1915 autorizó finalmente la constitución de la Red Insular de Teléfonos de Tenerife, siguiendo el modelo de la otorgada a la Mancomunitat catalana, y con un período de licencia de treinta y cinco años9. Poco más se podía hacer hasta que acabara la guerra, salvo solicitar la colaboración de los municipios implicados, pero una vez finalizado el conflicto se pudo por fin no solo disponer de más fondos, sino acceder a los materiales y equipos de telecomunicaciones que hasta entonces se habían considerado de interés estratégico y se habían reservado los contendientes. Fue entonces cuando por fin se acometió el despliegue de la red, fijando su política de personal y estableciendo el modelo de concurrencia en el servicio con las compañías urbanas, incluso abordando el servicio en aquellas «zonas oscuras» que la falta de rentabilidad económica había dejado en las concesiones de estas.

Mapa 2. Estructura básica de la red, con sus cuatro tramos principales. Fuente: Elaboración propia a partir de actas del Cabildo de Tenerife.

La red se estructuraba en dos líneas principales10: una primera sección comprendía la línea telefónica interurbana de Santa Cruz de Tenerife a La Orotava, incluyendo el tendido e instalación de un centro urbano en la región de Icod, con centralitas adicionales en Garachico y Los Silos, correspondiendo a esta obra la unión con la subcentral de La Orotava. El segundo grupo comprendía una línea interurbana desde la capital insular a Güimar y una red urbana en dicha población. Esta propuesta inicial se fue complementando a medida que se recibían nuevas peticiones, incluyendo algunas provenientes de zonas originalmente asignadas a las compañías urbanas: La Victoria, Santa Úrsula o La Matanza, que correspondían a la zona de la STO, o Taganana o Igueste en el caso de la STT, lo que obligaba a solicitar la autorización de las citadas concesionarias. En julio de 1922 se aprobó una ampliación de este plan inicial, ya con la idea de crear un anillo insular completo, que se muestra en detalle en el mapa 2.

Mapa 3. Despliegue de la Red Telefónica Insular de Tenerife en 1925. Fuente: Elaboración propia a partir de actas del Cabildo de Tenerife.

Las primeras líneas de la compañía entraron en funcionamiento en septiembre de 1921, nombrándose director de la red a Emilio López González. Si bien en su licencia original la RTIT figuraba únicamente como una red interurbana, la propia evolución del servicio, las demandas de los municipios y las carencias de la red de las operadoras urbanas de Santa Cruz y el valle de La Orotava fueron creando nodos con tipologías diferenciadas: en las ciudades cubiertas por las redes urbanas existentes (Santa Cruz, La Orotava, Puerto de la Cruz y La Laguna) se crearon centralitas para asegurar tanto el servicio interurbano como la conexión con los abonados de esas compañías. En las localidades de tamaño intermedio (municipios como Icod, Tacoronte, Güimar o Garachico), la demanda social obligó a establecer redes urbanas, que a su vez sirvieron como nodos de conexión a otros puntos de servicio telefónico en sus zonas de influencia11. Los mayores núcleos rurales fueron atendidos por subestaciones que operaban un número limitado de terminales (5-6 como máximo), en general en los edificios de las propias centrales, mientras que los pueblos menores o enclaves aislados tenían uno o dos terminales en locutorios, que desempeñarían un papel similar al de los teléfonos públicos de finales de siglo xx. Estos aparatos estaban situados en viviendas particulares, bares, establecimientos públicos o comerciales, y eran operados por personal ajeno a la compañía, que cobraba un porcentaje de la facturación, con una retribución mínima asegurada por parte de la RTIT12. La empresa concesionaria encargada de realizar los tendidos fue, en todos los casos, la AEG Ibérica de Electricidad, filial de la homónima alemana, y el ingeniero jefe delegado de esta compañía para supervisar los trabajos fue César Mansberger. Por su parte, los equipos terminales y de conmutación se adquirieron a la casa Ericsson. De este modo, se logró un servicio telefónico que para 1926 permeaba a casi todos los núcleos habitados de la isla (véase mapa 3), aunque de forma desigual en cuanto a su calidad. En él coexistían, además de las redes urbanas, centralitas y locutorios, las centrales que servían de puntos de enlace con las redes urbanas. Evidentemente, esto tuvo un gran coste, requiriendo inversiones que, sobre todo en los primeros años, llegaron a suponer un 10% de los ingresos del Cabildo, sobre todo en los ejercicios 1920-21 y 22-23 (véase gráfico 1).

Gráfico 1. Evolución del gasto en infraestructura de la RTIT en los ejercicios 1919-1927, expresadas en pesetas corrientes. Fuente: Elaboración propia a partir de actas del Cabildo de Tenerife.

Un despliegue de tal amplitud creaba necesariamente problemas de convivencia con las redes urbanas preexistentes, que el Cabildo había pensado inicialmente solventar con su adquisición para lograr así una red insular integral. Sin embargo, la resistencia de las redes urbanas hizo que esta integración se limitase a una reglamentación de la institución insular, inicialmente provisional, para permitir a sus usuarios acceder a la red interurbana. Estos problemas se exacerbarían a partir de que, en 1924, la recién creada Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) adquiriera todas las demás redes. La “conllevanza”, no siempre sencilla, entre estas dos compañías será objeto de un futuro post.


Abreviaturas:

  • BOPC: Boletín Oficial de la Provincia de Canarias, accesibles en https://jable.ulpgc.es/
  • AHPLP: Archivo Histórico Provincial de la Provincia de Las Palmas
  • AHPSCT: Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife
  • LACGCT: Libro de actas del Consejo de Gobierno del Cabildo de Tenerife

Bibliografía:

Este post se basa en trabajos anteriores del autor, conjuntamente con Francisco Quintana:

Otras referencias:

  • CALVO CALVO A. (2010), Historia de telefonica-1924-1975, Fundación Telefónica
  • GUTIÉRREZ ALONSO, J. (1997) Proceso de integración de las redes telefónicas en la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE), Tesis Doctoral, Universidad del País Vasco
  • GUTIÉRREZ ALONSO, J. (2007) «Proceso de integración de las redes telefónicas de San Sebastián y Guizpúzcoa en la CTNE» Cuadernos de Historia Contemporánea 75, vol. 29, 75-94

Notas:

  1. LACGCT 1913-1914 (acta de 2 de abril de 1914, p. 194). También puede encontrarse una reseña en La Opinión (6 de abril de 1914, p. 2). La denominación más habitual era Red Telefónica Insular de Tenerife, aunque en otros documentos se le llama Red Interurbana.
  2. Gaceta de Tenerife, 2 de enero de 1918, p. 3. Los efectos de esta avería se prolongaron al menos hasta finales de marzo de ese año, como consta en LACGCT 1917-1918, p. 325.
  3. Se conserva la escritura de venta por parte de Diego Miller Wilson, AHPLP/Ayto/Teléfonos, leg. 1, exp. 4.
  4. Calvo (2010)
  5. AHPLP/Ayto/Teléfonos leg. 2, exp. 8. Pueden encontrarse también referencias en La Provincia, 11 de junio de 1919, p. 1.
  6. Según una R.O. de 23 de enero de 1922. Este modelo llevó a la confiscación de, además de la red de Las Palmas de Gran Canaria y la ya mencionada capital andaluza, de las redes de Barcelona, Denia, Mataró, Castellón y Motril, GUTIERREZ (1997), p. 92.
  7. AHPLP/Ayto/Teléfonos leg. 2, exp. 8.
  8. BOPC, 23 de junio de 1922, núm. 78, p. 4.
  9. RO del Ministerio de Gobernación, de 4 de diciembre de 1915 (Gaceta de Madrid, n.º 340, 6 de diciembre de 1915, p. 617).
  10. LACGCT 1919-1921 (acta de 30 de octubre de 1919, p. 126); el pliego de condiciones se recoge en el Boletín Oficial de la Provincia de Canarias (19 de noviembre de 1919, n.º 319, p. 3).
  11. LACGCT 1921-1923 (acta de 21 de julio de 1922, p. 288 y ss).
  12. LACGCT 1921-1923 (acta de 27 de abril de 1921, p. 235) recoge varios municipios o poblaciones cuya estación no tendría personal fijo, asignándoles como remuneración un 25% de lo recaudado, con un mínimo de 25 pesetas al mes.
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