Los orígenes de la Telefonía en Canarias

Por Rafael Pérez Jímenez*.

En esta entrega se cubre la historia del teléfono en el archipiélago canario desde su primera experiencia en 1879 hasta 1914 con el inicio de la que fue la Primera Guerra Mundial. Rafael Pérez es precisamente el mejor especialista en la historia de las telecomunciaciones en Canarias, y nadie mejor que él para contárnoslo.

El teléfono llegó a Canarias relativamente pronto, incluso comparando su implantación con el resto del territorio nacional, algo a lo que los numerosos intereses de la burguesía comercial no fueron en modo alguno ajenos. Se trataba de una implantación necesariamente local, dadas las posibilidades tecnológicas de la época, que hacían impensable un enlace con la Península. Se asentaba originalmente en compañías privadas con un ámbito territorial restringido a las capitales de las islas más pobladas, aunque posteriormente se fue extendiendo a las principales zonas de agricultura de exportación, atendiendo a los intereses comerciales de sus accionistas. Sólo posteriormente se empezó a percibir la telefonía como un servicio público cuyo tendido fue, poco a poco, situándose dentro de las prioridades estratégicas de las autoridades locales e insulares. En este primer post se va a describir esta génesis, llegando hasta el inicio de la Gran Guerra por lo que supuso de gran crisis económica (incluso de subsistencia) para las Islas, al contrario de la relativa bonanza de la Península.

Ya en 1879, el Instituto de Segunda Enseñanza de Canarias, en La Laguna, disponía de un aparato de teléfono modelo Bell, y ese mismo año la prensa recogía un proyecto para unir Santa Cruz de Tenerife y La Laguna a través de un cable telefónico1. El primer enlace telefónico en Canarias se realizó en La Palma, el 23 de septiembre de 1883, aprovechando el tramo terrestre del tendido del cable telegráfico que conectaba la isla con Tenerife. También se empezaron a instalar líneas privadas, siendo la primera de la que se tiene noticia una instalada en 1888 en Tenerife2, “desde la casa del Sr. Cumella, (…) hasta el almacén de la plaza de la Iglesia y depósito del muelle del carbón en la playa de La Caleta; instalación llevada a cabo por el jefe del Cuerpo de Telégrafos Don Juan Moreno”.

La primera red telefónica convencional se instaló en La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, dentro de un proceso de modernización, fundamentado en el capital británico que había comenzado con la creación del Puerto de la Luz en 1883, y en el que también se incluían otras infraestructuras como hospitales, tranvías e incluso hoteles para los primeros turistas. El establecimiento de la red se sacó a subasta el 3 de julio de 1890 y fue adjudicada el 11 de agosto de ese año al comerciante Diego Miller Vasconcellos bajo la denominación de Red Telefónica de Las Palmas3. Los Miller eran una familia de origen escoces pero que llevaba asentada en la ciudad desde mediados del siglo XIX, y contaba con fuertes intereses comerciales en el puerto de La Luz. Su plan consistía en poner en marcha varias estaciones telefónicas de conmutación manual, la primera de las cuales se instaló en una casa anexa a los almacenes de la propia familia Miller. El servicio se inauguró el 1 de marzo de 1891 con un número de abonados (empresas y personajes pudientes de la capital) muy limitado. El tendido contaba con cuatro líneas que partían de la estación central, de las que tres se dirigían a la zona comercial de la ciudad y otra hacia el recientemente creado barrio del Puerto de La Luz. Posteriormente se añadió un quinto hilo que se dirigió al pago de Tafira, entonces lugar de veraneo y luego zona residencial de las familias más influyentes de la ciudad.

Figura 1. Derecha, equipo LM Ericsson, modelo AB 505. ca. 1900, Izquierda centralita de 3 enlaces, La Palma ca. 1905. Debajo, teléfono de manivela (ca. 1910). Fuente: http://www.ericsson.se, POGGIO (2013) y Museo León y Castillo de Telde, foto del autor.

La primera red telefónica se componía originalmente de abonados numerados del 1 al 100, correspondiendo los usuarios a casas particulares (muchos de ellos, de origen británico), y de forma mayoritaria a comercios y hoteles del propio núcleo urbano de Las Palmas. Como en otros lugares, el coste del servicio hacía de él un lujo caro a la vez que poco útil, dada la escasa red de abonados a los que prestaba servicio, haciendo que la telefonía sólo estuviese al alcance de los ciudadanos más pudientes. Los primeros terminales fueron cien equipos de fabricación sueca (de la empresa L.M. Ericsson) similares al modelo AB 505 (figura 1), estos teléfonos eran de batería local y la llamada se realizaba al accionar la manivela de una magneto que enviaba una corriente a la central. Los planes de la empresa incluían la ampliación de la red a escala insular, algo llamativo si se tiene en cuenta que muchos pueblos de la Isla no estaban ni siquiera conectados entre sí por carretera y que fue un objetivo demasiado ambicioso. De hecho, la cobertura del conjunto del territorio insular no se logró hasta después de la Guerra Civil.

Tras la creación de la red en Las Palmas no hubo que esperar mucho para que surgiera una iniciativa similar en la entonces capital provincial4. En Santa Cruz Tenerife, el proceso de implantación fue una iniciativa de la burguesía local, lo que hizo que no primaran tanto los objetivos comerciales de los grandes exportadores como los de pequeños empresarios o incluso los de la administración local y provincial. Tampoco se buscó tener un gran socio capitalista de referencia, como lo fue Diego Miller en el caso grancanario, sino crear una amplia base de accionistas, constituyendo una sociedad anónima, con un capital estimado de 25.000 ptas., considerado inicialmente suficiente para iniciar la actividad y que quedó cubierto en 1892. Sin embargo, esa dotación económica no fue suficiente, ya que se habían subestimado los costes de implantación de la red, lo que impuso un parón de casi un año en el desarrollo del proyecto mientras se buscaban nuevos accionistas y/o abonados. En abril de 1894 se constituyó la sociedad mercantil Sociedad de Teléfonos de Tenerife. Esta preveía unos ingresos por abonos de algo más de 15.000 ptas./año, mientras que los gastos fijos rondaban las 14.000, que incluían unas escuálidas 1.000 ptas. para apertura de nuevas líneas y dejaba apenas 1.200 ptas. para “eventualidades”. Si bien no parecen cantidades que pudieran suscitar un aluvión de inversores, permitieron al menos recibir la adjudicación por parte del Estado para el servicio de telefonía de Santa Cruz el 7 de diciembre de 1894, cuyo tendido entró en funcionamiento el 25 de mayo de 1895.

Sin embargo, el balance económico de la compañía era tan malo que, tras realizar estas inversiones, fue necesario acometer inmediatamente la solicitud de un empréstito de otras 20.000 pesetas, que correspondían al descubierto que ya arrastraba la empresa. Estas dificultades económicas explican la lentitud con la que se fue produciendo la expansión territorial de las zonas que debería atender según la concesión. Esta penuria de medios también tenía efectos significativos sobre la calidad de servicio. Además de las numerosas averías e interrupciones de las que da cuenta la prensa, había una importante carencia de personal. El cálculo habitual era que en una central cada operadora debería servir como máximo a 50 abonados durante seis horas seguidas, lo que para los aproximadamente 170 abonados de 1896 hubiera supuesto entre 10 y 12 telefonistas. Sin embargo, en la central de Santa Cruz sólo había tres telefonistas que llegaban a atender hasta 15 comunicaciones simultáneas, lo que significaba responder a 30 abonados a la vez, produciendo inevitablemente errores en las conexiones y tiempos de espera excesivos.

Pese a estas dificultades, el servicio se fue extendiendo hasta la ciudad vecina de La Laguna, de acuerdo con el nuevo reglamento de telefonía que autorizaba “el establecimiento de líneas telefónicas interurbanas, o a gran distancia, donde ya no esté otorgada alguna concesión”5. Estas líneas conectaban los hoteles para el incipiente turismo insular, como el Hotel Aguere en La Laguna en 1896, que luego continuaba hasta el Hotel Inglés de Tacoronte, aunque hubo que esperar a 1899 para que se hiciera una lista de abonados potenciales que justificase la inversión, por lo que la subcentral lagunera no entró en funcionamiento hasta el 1 de agosto de 1901.

En lo que respecta a la tipología de los usuarios de estas primeras compañías, había un claro predominio de abonados correspondientes a comercios, hoteles y clientes institucionales frente a particulares (véase gráfico 1), si bien esta distribución se iría alterando poco a poco durante el tiempo de vida de las compañías haciendo que el porcentaje de usuarios estrictamente privados fuera creciendo Esto influiría después en las decisiones estratégicas de las zonas de expansión de las compañías, que siguieron más los intereses de estos grandes usuarios que los derivados de intentar popularizar el servicio accediendo a una mayor base demográfica. En cualquier caso, cada una de las redes urbanas contaba con unos 200 abonados al empezar el siglo XX. Si se realiza la misma prospección sobre la tipología de los abonados de la Red Telefónica de Las Palmas en ese momento se pueden observar algunas diferencias con la situación de la STT en 1895, como un mayor peso de los abonados particulares frente a los profesionales, comerciales o institucionales, algo que muestra como el uso de los sistemas telefónicos se fue popularizando más allá de ser una necesidad económica (véase gráfico 2).

El otro gran núcleo de expansión telefónico lo supuso la isla de La Palma, que vivía en esa década final del siglo XIX un gran florecimiento económico. Allí el establecimiento de las primeras comunicaciones telefónicas se basó en líneas particulares que unían puntos cercanos vinculados al ámbito familiar y mercantil como casas y zonas de cultivo, y cuya referencia se ha perdido al no estar legalizadas en muchos casos. El empresario Rosendo Cutillas Hernández en 1893 fue el instigador de la instalación de las primeras líneas telefónicas de carácter comercial e interurbano, siendo significativo que el despliegue al interior de la isla del teléfono fue anterior al del telégrafo, que, aunque llegó a Santa Cruz de La Palma en 1883, no se extendió al interior hasta 1903. Esta línea tenía cerca de 10 km y unía Santa Cruz de La Palma con la Villa de Mazo, pasando por Breña Alta y fue seguida por otro que unía la capital insular con El Paso y Los Llanos de Aridane, línea que fue inaugurada el 17 de junio de 1894. Sin embargo, en la isla no se instaló una red conmutada sino una serie de líneas privadas que conectaban comercios o municipios con los puertos o la capital insular, por lo que la conectividad del servicio resultaba muy limitada.

Con el nuevo siglo se retomó el impulso expansivo de las compañías concesionarias que por aquel entonces ostentaban el mercado telefónico en las Islas. Sin embargo, este crecimiento, que llevaba a cubrir nuevas áreas para buscar nuevos abonados, se hizo en buena medida a costa de las inversiones necesarias para el mantenimiento y mejora de las líneas ya instaladas, algo que fue haciéndose más evidente a medida que se acercaba el final de las concesiones. La red telefónica de Las Palmas resultó muy dañada tras una fuerte tormenta en 1900, no recuperó su pleno funcionamiento hasta 1901, aunque simultáneamente la red se expandió hasta Santa Brígida, que logró su primer teléfono público en 1902. Y es que esta villa era en sí misma un mercado significativo ya que se beneficiaba de su cercanía con la capital, y era la zona de residencia de núcleos de población con alto poder adquisitivo (y por tanto potenciales clientes del servicio), además de que en la zona de Tafira la familia Miller tenía intereses agrícolas. Esta expansión se vio favorecida por un nuevo reglamento8 que simplificaba los procedimientos de concesión, los términos de las subastas y unificaba las cuotas, pero eso sí, buscando que las concesiones fueran lo más cortas posibles para lograr su retrocesión al Estado.

Ese nuevo marco permitió también el desarrollo de nuevas licencias. En el norte de Tenerife se desarrolló una red telefónica del Valle de la Orotava (conocida como Servicio Telefónico de la Orotava o STO), creada a partir de la iniciativa de empresarios agrícolas del norte y que usaba las instalaciones de la red telegráfica que, a través del Puerto de la Cruz, llegaba a la capital (de hecho, era la estación telegráfica portuense la que ejercía de subcentral) y por el otro extremo a Garachico, aunque luego se empezaron a tender cables propios. Esta red fue poco a poco extendiéndose por toda la zona agrícola del norte, llegando a Realejo Alto, La Guancha y San Juan de la Rambla (1905)9. De igual forma, en el norte de Gran Canaria, que entonces vivía un momento de gran pujanza económica merced a los cultivos de plátanos10, Fermín Castellano Ramos presentó una petición el 1 de diciembre de 1904 solicitando prolongar la línea telefónica privada que tenía establecida en Arucas, lo que fue autorizado el 27 de abril 1905 por la dirección general de Correos y Telégrafos. Así se creó la red telefónica de Arucas, que no sólo cubría la ciudad, sino que poco a poco fue sirviendo a toda la zona de cultivos industriales del norte grancanario. Inmediatamente se comenzaron los trabajos para la conexión entre esta malla y la de Las Palmas, lo que se produjo finalmente a principios de 1909.

¿Cuál era la causa de esa vinculación entre las zonas de cultivos de exportación y los tendidos telefónicos que se observa en las tres islas? Hay que tener en cuenta que en esa época el archipiélago casi no contaba con carreteras utilizables, por lo que gran parte del transporte de las mercancías a los puertos capitalinos, a los que llegaban los mercantes que luego llevarían los productos a sus mercados finales, se basaba en pequeños buques de cabotaje. Eso hizo necesario crear una red de “puertillos” o “pescantes” cercanos a los almacenes de las zonas de cultivo, y a los que había que avisar cuando llegaban los mercantes a los puertos principales para recoger la mercancía, que por su naturaleza era perecedera y no se podía dejar almacenada largos periodos.

Cuando la concesión de la Red Telefónica de Las Palmas caducó en 1911, a los 20 años de su establecimiento había una queja generalizada sobre la calidad del servicio, dado que los tendidos que la formaban estaban faltos de mantenimiento como reflejaba la prensa11.Esto lo reflejaban organismos, como la Cámara de Comercio, “haciéndose eco de las continuas reclamaciones del comercio y público contra un servicio tan deplorable y caro” como hacía costar en un escrito dirigido a la alcaldía de la ciudad el 17 de junio de 191312. La Cámara de Comercio estimaba en unas 100.000 pesetas la inversión mínima necesaria para reponer las condiciones de servicio y se ofrecía, en caso de que el Ayuntamiento no ejerciera el derecho de tanteo al que le daba derecho el Reglamento de 1909, a hacerse cargo de la explotación mediante una sociedad cooperativa para “mejorar el servicio y disminuir las tarifas”. El 20 de junio de ese año el Ayuntamiento instó a la dirección general de Correos a convocar la subasta de concesión, y el 2 de noviembre, acordó concurrir al concurso de explotación de la red telefónica “para la explotación, durante quince años, de la red telefónica urbana de Las Palmas perteneciente al Estado”.

El Ayuntamiento fue el único concurrente (el recién creado Cabildo probablemente también hubiera podido plantearse ejercer ese derecho de tanteo, pero al parecer la institución insular no mostró interés por concursar)13. Adicionalmente, la dirección de Correos le otorgó una rebaja del 35% sobre la propuesta inicial para poder dedicar los fondos así ahorrados a la mejora de la red ya instalada. En enero de 1914 se abrió el concurso de proposiciones para el suministro e instalación del material necesario de la red telefónica urbana Las Palmas, anunciándose el concurso en la Gaceta de Madrid y en el Boletín Oficial de la provincia. Se recibieron ofertas, entre otras, de la Bell Telephone, y de Siemens Brothers de Londres, lo que muestra el interés comercial que despertaba esta red, en una ciudad que en ese momento era uno de los principales puertos comerciales del Atlántico.

Aun así, todo esto quedo en papel mojado ya que su resolución se retrasó hasta el principio de la Gran Guerra, lo que implicaba el bloqueo naval de las potencias de la Entente y la dificultad de disponer de materiales que pronto pasaron a ser considerados como una prioridad estratégica por parte de los contendientes.


Abreviaturas:

  • BOPC: Boletín Oficial de la Provincia de Canarias, accesibles en https://jable.ulpgc.es/
  • AHPLP: Archivo Histórico Provincial de la Provincia de Las Palmas
  • AHPSCT: Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife

Notas:

  1. Véanse los ejemplares de 28 de noviembre de 1879 de la Revista de canarias (p. 143) y de La Asociación, p. 3.
  2. Las Canarias, 28 de octubre de 1888, p. 2.
  3. BOPC, núm. 86, 18 de julio de 1890, p. 2. AHPLP/Ayto/Intereses generales/leg. 1, exp. 1, prot. 3554 del notario Vicente Martínez, 12 de agosto de 1890.
  4. La división provincial de Canarias en las dos provincias actuales no se produjo hasta 1927
  5. BOPC, núm. 116, 26 de septiembre de 1894.
  6. Fuente: Elaborado propia a partir de datos recogidos en El Pueblo, 16 de mayo 1895.
  7. Fuente: Elaboración propia a partir de datos recogidos en AHPLP/Ayto./Teléfonos/leg. 1, exp. 1. Guía de teléfonos de 1913.
  8. R.D. regulando el servicio telefónico, BPOC, 26 de junio de 1903, pp. 3-4, aunque también son significativos los comentarios recogidos en Las Canarias, 20 de junio de 1903, p. 5 y en Unión conservadora, 1 de julio de 1903, p. 3.
  9. La Opinión, 19 de junio de 1905 p. 2 y El Tiempo, 4 de octubre de 1905, p. 2.
  10. Esta pujanza se hace patente al estudiar otros hitos muy significativos de la misma época, como los proyectos de ferrocarril o la construcción de la nueva iglesia de Arucas. Véase: http://analesdelahistoriadearucas.blogspot.com.
  11. Aunque hay numerosos “breves” al respecto, sirva como ejemplo el Diario de Las Palmas, 18 de mayo de 1913, p. 2.
  12. AHPLP/Ayto./Teléfonos/leg. 1, exp. 1. Escrito de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación al Ayuntamiento de Las Palmas de 17 de junio de 1913. Según escrito de ese mismo legajo, la Cámara elevó un memorial el 26 de junio de ese mismo año con las quejas sobre la situación del servicio a la dirección General de Correos y Telégrafos.
  13. Los cabildos fueron creados por la Ley de Cabildos del año 1912 promovida por Manuel Velázquez Cabrera y se constituyeron a partir de 1913, Para ver la diferencia de las políticas de ambos Cabildos respecto al crecimiento de las redes telefónicas insulares puede consultarse “El servicio de telefonía en Gran Canaria y Tenerife durante el periodo de entreguerras: modelos dispares en el camino hacia las redes insulares”. Accesible en https://accedacris.ulpgc.es/handle/10553/107472

* Pérez Jiménez, Rafael. Nacido en Madrid en 1965. Es Dr. Ingeniero de Telecomunicación y Catedrático en la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación y Electrónica de la ULPGC. Director del Instituto Universitario IDeTIC entre 2008 y 2020. Ver más en nuestra página de Protagonistas.

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Publicado en Economía, Empresas, Historia, Telefonía, Telegrafía

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